Las buenas fotos no las hacen las buenas cámaras, las hacen los buenos fotógrafos... y uno que otro truco durante el proceso de post-producción.
 
   
En el momento de la transición, el fotógrafo dejó a un lado la cámara análoga y empezó a disparar con la cámara digital, y todo resultó más o menos bien. El problema comenzó cuando tuvo que dejar la química del cuarto oscuro para abordar una tecnología y un lenguaje que le eran totalmente desconocidos.